Situación actual

Cuando en 1975 la mayoría del pueblo saharaui tiene que abandonar sus casas para poder sobrevivir, se produce una ruptura que afecta muy gravemente a las familias y que repercute totalmente en el desarrollo político, económico y social de la sociedad saharaui.

A partir de esas fechas las necesidades vitales se separan y la evolución social también, sin embargo por un sistema o por otro, siempre ha existido comunicación y relación entre los saharauis a pesar de la represión y control impuesto por Marruecos a los habitantes del Sahara Occidental y a las dificultades y a la guerra que marcó durante más de 16 años la vida de los refugiados saharauis en Argelia.

Con la proclamación de la república Saharaui se inicia un enorme esfuerzo colectivo de todo el pueblo para organizar la resistencia contra la ocupación y durante más de 16 años mantuvo una guerra en todos los frentes contra Marruecos. La organización del ejército que ha sido capaz de recuperar más de 1/3 del territorio y obligar a Marruecos a ir retirándose hasta esconderse detrás de los muros defensivos y en el interior, del Sahara ocupado, manteniendo toda la resistencia posible contra la ocupación, demuestran la tenacidad y firmeza para defender sus derechos como pueblo ante las fuerzas ocupantes y ante la comunidad internacional.

Al mismo tiempo, entorno a los órganos de Gobierno y de las instituciones de la república se lleva a cabo una intensa actividad diplomática internacional para defender los derechos saharauis en todos los países del mundo y ante los organismos internacionales.

La familia

La familia se articula en torno a la madre. El ágil y efectivo sistema de divorcio, concedido siempre por el hombre, pero casi siempre a instancias de la mujer, hace que sea absolutamente normal y aceptado por todos. El divorcio se produce siempre antes de que se deteriore la convivencia familiar y no existen malos tratos que además serían duramente reprimidos.

Cuando las hijas que viven en familia son adultas liberan a la madre de sus pesadas obligaciones, hay que pensar que cualquier trabajo doméstico es tremendo en esas condiciones, y se ocupan de todo mientras que las madres envejecen rápidamente como producto de la poca asistencia sanitaria, los múltiples partos, la deficiente alimentación, etc.

El número de hombres adultos presentes habitualmente en las familias es muy escaso, pues la mayoría están en el ejercito fuera de los campamentos de refugiados.

Por otro lado hay pocos ancianos, pues sus expectativas de vida son muy inferiores a las de los países occidentales. Eso sí mientras viven son objeto de culto y veneración por parte de toda la familia que nunca les abandona.

Su vivienda

La Jaima es la vivienda tradicional, una tienda de grandes proporciones con el suelo de alfombras y con colchones y mantas que sirven de asiento durante el día y para dormir por la noche.

La Jaima no sólo es la vivienda tradicional sino el permanente recuerdo de la provisionalidad en que se encuentra este pueblo hasta su regreso a los territorios ocupados.

Alrededor de la jaima se han ido realizando distintas edificaciones con ladrillos hechos de agua y arena que dan gran precariedad a estos habitáculos. Normalmente existe una pequeña cocina donde hay un horno para el pan, una estancia diáfana para estancia y un pequeño cuarto con una fosa debajo que sirve de servicio y ducha siempre con el agua en cubos.